Las Aventuras De La Princesa Lilia: La Verdad A Trozos (Continuación de 'Alarma')
Me despierto en una sala iluminada, que transmite paz y tranquilidad. Trato de incorporarme pero me vuelvo a tumbar porque siento un dolor atroz en la cabeza. La vista se me emborrona. Empiezo a sudar y noto mucho calor. Apenas logro escuchar la puerta. Noto algo húmedo en la frente y me alivia un poco. No se que pasa a continuación, pero creo que me quedé en una duermevela, porque cuando me desperté, me despierto algo mejor y, cuando me giro, me encuentro con una chica
-Ah, veo que estás mejor –dice aliviada-. Estabas exhausta por lo que hiciste…hace 1 semana
-¿¡ U-una semana!? –digo con voz débil
-Si –asiente la chica-. Verás, las plantas contra las que te enfrentaste emiten unos vapores que te debilitan internamente. También sus colas llevan veneno, de hecho, todas ellas llevan veneno. De ese veneno, aquí tenemos el antídoto. En un humano normal le inmoviliza el cuerpo y lo sume en un periodo se semiinconsciencia, con intervalos de pesadillas….Y al final, el humano muere creyendo que en una de esas pesadillas lo ahogan. Pero tu eres diferente. A ti solo te ha hecho efecto ese veneno de forma que te ha sumido en un sueño algo profundo y te ha hecho tener pesadillas…o eso creo porque mientras te cuidaba, gritabas…
Me sonrojo un poco
-No dirás nada a nadie…sobre los gritos, ¿no? –cierro los ojos algo cansada
-No, no te preocupes, quedará entre nosotras –sonríe la chica-. Por cierto, me llamo Kikaku
-Encantada Kikaku, yo soy Lilia –me incorporo para hacer una reverencia y la sabana se desliza hacia el limite de mi cintura y, al final, al suelo. Me fijo que mi cuerpo esta lleno de empastes y vendas….cosas para curas mis heridas
Antes de poder decir algo, pican a la puerta.
-Soy Karin, ¿puedo pasar?
-¡Karin! –susuro
Kikaku me hace un gesto de que me calle, coje la manta del suelo, me vuelve a envolver en ella y me mira. La miro interrogativa y en sus ojos veo algo que no sé reconocer. Kikaku sale y, después de un rato, vuelve a entrar. Por lo visto ha hecho que Karin se vaya.
-¿Porqué no la has dejado pasar? Es mi doncella personal –digo algo confusa
-Antes tengo que contarte algo. Aun estas débil para salir… -suspira -. A decir verdad, ese veneno también te ha afectado interiormente, en la mente. Y dado tu…rara respuesta al veneno de esas plantas, me hace pensar en algo. En la espalda tienes marcas multicolor, es decir, depende cómo le de la luz su color cambia. Y al lado del tatuaje rosa de tu nuca hay puntitos negros…que es donde más te han picado las plantas.
-¿Y que significa que tenga esas marcas multicolor? –la miro
-¿No sabes en que lugar estás no? –sonríe-. Estás en el templo de Shinjo. Cuenta la leyenda que en este templo vivía una sacerdotisa, Kiyô. Cuidaba del templo vestida con un kimono de flores. Dentro del templo había una reliquia, una perla rosa que hacia crecer tus cosas. Por ejemplo, si dejabas un grano de arroz en una cajita junto a la perla, al día siguiente tenías un puñado de arroz. Kiyô era la protectora de la perla. Pero un dia conoció a un muchacho, muy respetado en el pueblo. Kiyô también era muy respetada en el pueblo ya sea por curar pestes, heridas…infusiones….
El templo estaba encima de una montaña y se podía ver todo el valle y, también, la entrada del pueblo. Pero un día fatídico, el chico del cual estaba enamorada entró en el templo, cogió la perla y se la tragó. Estaba poseído por un demonio pero, al tragarse la perla, comenzó a transformarse en un dragón. Creció mucho, las extremidades se acortaron y engordaron, dando forma a unas patas bien robustas. Su caja torácica se ensanchó y de la espalda le salieron unas alas negras bien grandes. La cara se le alargó, se le formó un hocico grande por donde salía un humo negro. Y le creció una cola larga, potente y demoledora. Kiyô hizo todo lo que conocía para pararlo y, a la vez, intentar o hacerle daño. Pero no lo consiguió. El Dragón no paraba, amenazaba con destruir lo que quedaba de pueblo y del templo. Al final, Kiyô no pudo hacer nada más salvo sacrificarse. Pero para hacer eso, necesitaba un portal, algo con que pudiera contactar con el alma del dragón, de su amado… Un gato. Se dice que los gatos tienen poderes muy misteriosos y, hoy día, todavía no se ha averiguado nada… En todo caso, Kiyô dejó que el alma del gato entrara en ella. Y logró vencer al dragón, protegiendo a la ciudad y protegiéndolo a él mismo… Pero Kiyô no se dio cuenta de que dio a luz a una niña. Después del sacrificio, y la desaparición de Kiyô, la paz volvió a reinar en el pueblo. Un sacerdote subió al templo para restaurarlo y se encontró con la niña. La atendió y la educó en el templo, con la ayuda de unas señoras respetadas, y llamó a la niña Miko. Así que todas las sacerdotisas que residen aquí se llaman Miko.
-Es una historia interesante…pero.. ¿Qué tiene que ver conmigo? –le pregunto
-Eres perspicaz –los ojos de Kikaku destellan -.Ven, te quiero mostrar unas pinturas.
Kikaku sonríe pero señala unas ropas que hay encima del tatami
-Pero antes tienes que vestirte con eso, es la tradición.
La cojo y la miro
-¿Qué es? No la reconozco…-Frunzo el ceño
-Es un Chihaya. Consiste en un Haname (falda dividida) de color rojo escarlata –coje la falda y me la enseña-. En una camisa blanca con hombros sueltos –señala la camisa-. Y un Habi. Oh espera –se acerca a mi y me ayuda a vestirme-. Ya esta. ¿Vamos a ver las pinturas?
-Mmmmm…vale… -algo incomoda, dejo que Kikaku me guíe.
Caminamos hacia la parte central del templo, al lugar de las ofrendas y todo eso. A medida que nos acercamos, noto el aire más denso…como rancio…cargado. Kikaku abre las puertas y parece que no se percata de nada. Cuando cruzo las puertas, noto una sacudida interior que me hace toser. Kikaku se gira, y me hace el gesto de que continúe. Su cara ahora no sonríe, sino que muestra una determinación y serenidad increíble. Nos paramos delante de las pinturas. Son hermosos. Los colores parecen tan vivos como si los hubiesen pintado ayer. Los marcos están bastante desgastados….pero aun conservaban algo de su época.
-Lilia, estas ante las 5 pinturas más importantes de este Templo y que se vinculan a ti como tu a ellas –levanta el brazo para hacerme callar-. Las 2 primeras pinturas retratan a Kiyô. En la primera pintura, se ve a Kiyô dándose un baño, en la cual podemos verle la espalda desnuda y una marca. La misma que tienes tú. –Continúa con voz potente, sin dejarme decir nada-. En la segunda pintura se ve a Kiyô con una Katana, un Yumi (arco) en la espalda, un Tantô (cuchillo), entre otras cosas. En las otras 2 pinturas, está Miko. En una de ellas, Miko tiene flores en la mano y parte del yukata (kimono de verano) ladeado. –dice Kikaku
En ese momento, me fijo en la marca que tiene Miko en la nuca, la misma que la mia y noto (o escucho) un latido.
-En el otro tapiz –continua Kikaku-. Está Miko con un abanico matando demonios.
Kikaku se sitúa a mi lado y me conduce a las puertas de otra sala. Nos paramos y me dice:
- Las miko somos muy hábiles en una gran variedad e artes marciales, con el uso de armas tradicionales japonesas, como el yumi (arco), tantô (cuchillo) o la katana, wakizashi (espadas)…y también somos hábiles en la magia. En el tapiz de Kiyô se ven armas y en el de Miko, magia. Y por estas cosas, las miko hemos sido siempre bastante necesitadas, aunque apenas hayan chicas con este don…Ahora, pasemos a la sala más importante
Entramos en la sala y veo un mural muy grande. Representa el momento en que Kiyô se sacrifica para salvar al pueblo y en el mismo momento el cual Kiyô da a luz a Miko
Kikaku me mira seriamente
-Lilia, eres una Miko, desciendes de la mismísima Miko
Lo ultimo que recuerdo se eso es un grito aterrador y una luz deslumbrante que me envuelve
Próximo Capitulo: La Verdad A Trozos II (Continuación de 'La Verdad A Trozos')